_________________________________________________________________

Unholy - Gracefallen


UNHOLY. Gracefallen. Avantgarde Music. 1999.

Este es uno de esos casos en los que el último disco de una banda deja la sensación de una gran pérdida y la tristeza de saber que, a veces, no basta el talento o las ideas si la suerte se mueve en dirección contraria. Gracefallen (1999) es una obra maestra, el adiós perfecto con el que Unholy se despidió del selecto grupo que le seguía, hábil para captar en su propuesta, abiertamente lenta y experimental, el sentido de una estética que probaba, a cada paso, su capacidad de elevación, de rapto, y el encanto de un misterio que todavía hoy no termina de explicitarse. Todo Unholy, aunque en especial el de este álbum, rebosa arte, al punto de que existe la posibilidad de entender su propuesta, no sólo dentro de las fronteras del Metal, sino, además, como una expresión más general de las vías que tiene la música contemporánea.

Y es que Unholy se hace singular en la medida en que, tomando como base la densidad propia del Doom, empieza a enriquecerse con otros elementos: sobre su distorsión brillante y crisposa, por ejemplo, hay otra atmósfera tejida sigilosamente, sombría en su textura, pero de un lirismo hipnótico; asimismo, en medio de la viscosidad a la que en ocasiones llega la armonía, se levanta la voz de Muhli, serena y limpia, para convertir sus sílabas en embeleso, en una ceremonia de siglos. La lentitud se asume como único tiempo, pero aquí y allá surgen recursos que la ennoblecen: los dejos circenses de "When the Truth Turns Its Head", el ritualismo de "Haoma", la lobreguez de "Daybreak" o las declinaciones poéticas de "Athene Noctua", ambientadas, como siempre, con teclado.

Por otra parte, Gracefallen es brillante en lo que se refiere a los efectos sobre las ejecuciones, pues estas redundan en sensaciones de eco, vacío o temblor, algo que empalma perfectamente con la morosidad de la música y, por supuesto, con el apartado lírico, muy simbólico y trabajado. Las letras parecen escritas en clave y tienden a repetirse en varias canciones (como ocurre en "...Of Tragedy" y "Daybreak"); Unholy presenta en ellas un recorrido por las fuerzas elementales, el vínculo que nos une con el resto del universo ("Here is the wisdom: life is coming and going / and becoming of the ones into one / symmetry of souls harmony under the sun); nada hay en sus palabras que pueda desaparecer la siguiente mañana, pues lo que estas captan es lo que siempre ha perdurado sobre la espalda del cosmos.

Como sucedió con los dos discos precedentes de Unholy -The Second Ring of Power (1994) y Rapture (1998)-, Gracefallen fue producido por el sello italiano Avantgarde Music en 1999 con un resultado que está a la altura de la música. El diseño es francamente deslumbrante: desde la portada -elaborada por Juha Vuorma (In the Woods..., Usurper)- cuyas imágenes parecen atemporales, hasta el manejo del color y las formas que hay al interior del cuadernillo, basado en el contraste de los elementos (la tierra, el fuego, el agua y el aire) y la creación que puede hacerse a partir de ellos de mundos soterrados y complejos. Además de la versión original -que es la que se muestra en la fotografía-, existen de este álbum dos versiones en TAPE lanzadas por Moon Records y Mystic Production, y una más reciente en CD prensada por la Peaceville Records.

RANK: 9.5/10

Unleashed - Shadows in the Deep


UNLEASHED. Shadows in the Deep. Century Media Records. 1992.

Estamos frente a uno de los álbumes paradigmáticos del Death Metal, pues referirse a Shadows in the Deep (1992) es tanto como evocar la época más fértil que ha tenido este género en la historia. Llegado apenas un año después de su debut -Where No Life Dwells-, Unleashed confirmó con este disco los buenos comentarios que antes había generado y profundizó en ese sonido único que resultaba tras mezclar la emblemática voz de Johnny Hedlund con una acerada afinación y unas composiciones que tenían tanto de sencillez como de maestría. Diez canciones componen el álbum, grabado en Alemania bajo la producción de Waldemar Sorychta, dedicado a la memoria de Per Ohlin (aka Dead), y concebido como fórmula de rechazo a las instituciones políticas y religiosas que intentan encerrarnos dentro de su sistema. 

Quien ha escuchado Unleashed sabe que el estilo de la banda es realmente particular: esquivo de las velocidades monótonas, pesado sin renunciar a la melodía, y oscuro por la fuerte presencia de medios. Shadows in the Deep no se destaca por una música especialmente compleja, sino, más bien, por su unidad compositiva, esto es, por el rasgueo muteado de las cuerdas gruesas y su alternancia con líneas más agudas y riffs sostenidos velozmente. La batería, siempre a corte, ofrece  movimientos interesantes de platillo mientras acompaña (como los de "A Life Beyond" o "Land of Ice"); la voz de Hedlund, grave y clara a un mismo tiempo, cabalga sobre la instrumentación; y, finalmente, los punteos, aunque no presentes en todas las canciones, tienen un carácter intuitivo de cuya naturalidad se desprende el hecho de que sean únicos.

Con relación al campo lírico, Shadows in the Deep presenta dos orientaciones: la primera tiene que ver con la muerte y, más concretamente, con una serie de consideraciones metafísicas sobre lo que hay más allá de ella. Los mismos títulos de algunas canciones ya son dicientes al respecto: "The Final Silence", "The Immortals" o "A Life Beyond". La otra dirección temática corresponde prácticamente a la segunda parte del disco y está enfocada en el deseo de manifestarse frente a la opresión religiosa, política o social, ya sea declarándole la guerra (tipo "Crush the Skull" y "Never Ending Hate") o apelando a un regreso de la cultura nórdica -idea que, posteriormente, se convertiría en el foco principal del grupo-, así sucede en temas como "Onward into Countless Battles" y, por supuesto, "Land of Ice".

Shadows in the Deep fue prensado por primera vez en 1992 a través de la Century Media Records y, desde entonces, ha venido reeditándose constantemente tanto por este sello como por otros (Metal Mind Records, Death City Records, o Takt Music). La portada original -que es la que se muestra en la fotografía- fue realizada por Axel Hermann (Asphyx, Desaster, Despair, Grave, Morgoth, Moonspell, etcétera), y el diseño interior está cargado de esos símbolos escandinavos que son tan recurrentes en los álbumes de Unleashed; además de esto, el cuadernillo incluye las letras de las canciones, fotos de la banda y -como era usual en la época- una orden de correo para pedidos a la Century Media. Valga agregar que el álbum contiene una versión del tema "Countess Bathory" (Venom), tal vez el mejor cover que ha hecho Unleashed en su carrera.

RANK: 9/10

Under Threat - Hipóstasis


UNDER THREAT. Hipóstasis. Transilvania Music. 1999.

Usualmente prefiero evitar declaraciones de este tipo, pero, ahora, me resulta imposible no afirmar, así, sin dilaciones, que Hipóstasis (1999) es el mejor disco de Melodic Death Metal que se ha hecho en Colombia y que, tal vez, debido a las condiciones actuales de la escena, seguirá siéndolo por muchísimo tiempo. Admiro el trabajo de bandas como Misty Fate o Pagan Fears y conozco, además, la propuesta de otras como Twilight Glimmer, Soulless o Awaken, pero ninguna de ellas alcanza una conjunción tan completa de elementos técnicos, emotivos e identitarios como Under Threat. Por demás, Hipóstasis apareció en una época en la que no eran raros los discos de su estilo, de suerte que su valor también puede interpretarse en términos de un logro, esto es, de haber alcanzado cierto perfeccionamiento como clave para consolidarse dentro de un panorama bien competitivo.

Sin duda, el principal acierto de Under Threat es la exigencia de sí misma como banda: en Hipóstasis no hay un solo espacio que se haya dejado al azar o fuese completado apresuradamente. Por el contrario, toda la ejecución instrumental es asombrosa: las guitarras desarrollan líneas precisas, virtuosas, de matiz melódico, pero también enérgico y emocional; de ellas se desprende toda una experiencia estética, como ocurre en "Lymbic Zone" o el tema homónimo del álbum. Asimismo, la batería se luce a cada paso, explorando su tesitura para ofrecer siempre algo diferente: un quiebre de tiempo, un viaje por los platillos, movimientos complicados o alguna aceleración estilizada. El teclado, por su parte, se dilata sobre el conjunto rítmico casi de forma espiritual, sin excesos o presunciones, dibujando atmósferas delicadas y artísticas.

La voz, bien definida, posee rasgos propios y transmite efectivamente el peso filosófico que caracteriza a Under Threat: esa indagación constante y la búsqueda de un conocimiento que se hace esquivo en los terrenos del caos y la miseria. Por ello, al declarar que cada canción de Hipóstasis es verdaderamente memorable, no sólo se hace referencia al plano musical (cuya pulcritud no escapa a quien escucha temas como "Poisoned Soul" o "Consummatum Est"), sino también a las líricas que se arriesgan entre complejos asuntos de la existencia, saliendo victoriosas, unas veces por señalar la forma en la que nuestros prejuicios ciegan las perspectivas, otras por explorar el dilema entre el valor y la resignación y, algunas más, por denunciar las cadenas que nos atan a la ignorancia. La última canción del álbum, verbigracia, condensa en nuestra lengua este enrevesado universo.

Hipóstasis fue prensado originalmente en 1999 por Transilvania Music y gozó de una distribución relativa por toda América. El diseño de la cubierta fue realizado por Ricardo Medina y todo el arte interior estuvo a cargo de Luis Fernando Calderón; la portada, como se ve, expresa con suficiencia el sentido lírico del álbum y tiene connotaciones, de alguna manera, futuristas. El cuadernillo contiene las letras de las canciones y fotografías de la banda (integrada entonces por David y Nicolás Bermúdez, John Pérez y Alejandro Rojas). En el año 2012 el disco fue reeditado alterando la portada original y agregando como bonus-track el tema "Nación por Cárcel". En la actualidad, Under Threat cuenta ya con 4 álbumes de estudio, el más reciente de ellos lanzado apenas el año pasado bajo el título The Manifest Void.

RANK: 9.5/10

Uppercut - Reanimation of Hate


UPPERCUT. Reanimation of Hate. G.U.C. Records. 2004.

Hace algún tiempo hicimos una aproximación a Uppercut, ocupándonos de su disco Shround . Shifter . y reflexionando acerca de las incidencias que trae para una banda el contar con una vocalista femenina. Dicho álbum, el primero en la carrera de la banda, está muy emparentado con el sonido del Death Metal clásico y, en consecuencia, nos sorprendía la contundencia del trabajo realizado por Daniela Karrer en las vocales y el acople establecido entre ella y el resto del grupo que permitía conformar una propuesta equilibrada, sin visos técnicos, es cierto, pero en todo caso balanceada. Un poco después de esa época (2001) la banda tuvo que afrontar la muerte de su guitarrista y compositor Nico Lueder y la subsecuente necesidad de reformarse para atender esta pérdida, amén de la retirada de su bajista original Henrik Schwaninger.

Es así como Reanimation of Hate (2004) es el producto de unas circunstancias especiales en la historia de Uppercut y también, de alguna manera, de una visión distinta de la música que, en términos generales, se torna aquí más melódica y limpia comparada con la de su álbum anterior. Las 12 canciones que componen la producción establecen un punto de encuentro entre elementos provenientes del Death Metal melódico (pero, no el de urdimbre sueca, sino aquel más cercano al Carcass del Heartwork) y un apartado Thrash especialmente palpable en la forma en que se atacan las guitarras, la rapidez de los riffeos y el acompañamiento percusivo. Hay aquí, sin duda, una proyección más estilizada de Uppercut que, sin llegar todavía a ser realmente técnica, tiene un mayor nivel de complejidad instrumental (sobre todo en los solos) y una energía bastante dirigida.

Por regla, las canciones del álbum son rápidas y combinan sin caer en el abuso buenas estructuras rítmicas. Además, la voz de Daniela expresa mucha más variedad que en . Shroud . Shifter . lanzándose a veces a ejecutar gruesas guturales (tipo "Reanimation of Hate" y "Breakin' the Noise") o lances más rasgados -al modo de Angela Gossow- (como en "Massmurderers Heaven" y "Resistance"). El enfoque de la vocalización puede hallarse materializado de forma independiente en una canción o combinarse fértilmente en otras, aunque, sin duda, los rasgados son más precisos y se sienten menos forzados que los tonos gruesos. Las letras, por su parte, poseen un enfoque crítico, dirigido más al propio interior del ser humano que hacia los ámbitos externos; así, la libertad, la muerte y los miedos conforman los temas recurrentes de Uppercut.

Reanimation of Hate fue prensado en el año 2004 por el sello alemán G.U.C. Records -el mismo que lanzó el primer disco de la banda-, y el diseño gráfico corrió por cuenta de Patrick Skala, quien no se destacó particularmente en lo que concierne a la portada, pero sí en el trabajo con degradaciones que hay en el interior del cuadernillo. En el booklet, precisamente, el nivel gráfico se ubica por encima de los otros, pues cuenta con numerosas fotografías, imágenes modificadas en tonos azules y ciertos efectos de irrupción en las letras; además, puede hallarse en él los agradecimientos del grupo, los nombres de quienes tocaron los solos (todos ellos músicos de sesión) y algunos otros datos. Hasta la fecha esta es la única edición que existe del disco y, al parecer, será así por mucho tiempo, pues Uppercut se encuentra inactiva desde 2007.

RANK: 7/10

Ultratumba - Museo de los Despojados


ULTRATUMBA. Museo de los Despojados. Discos y Cintas Denver. 1997.

Aunque Ultratumba se ha mantenido activa desde 1995, no ha podido escapar a la suerte de ser una agrupación alterna, y, no sólo porque sus fundadores -Javier y Lorenzo Partida- han seguido trabajando en las líneas de su banda principal (Transmetal), sino, además, porque los músicos de soporte han sido tantos que no es fácil identificar la esencia del grupo. Es verdad que quienes han participado en Ultratumba son miembros de proyectos reputados dentro de la escena mexicana (Leprosy, Luzbel, Blackthorn), pero, en todo caso, hay una disparidad considerable entre los discos de la banda, sobre todo en lo que concierne a sus vocales, que han ido de la mezcla Groove/Death de sus inicios a una propuesta más Sludge/Stoner en los años recientes, pasando, obviamente, por esa época Heavy representada en su disco Museo de los Despojados (1997).

Personalmente, prefiero la primera etapa de la banda, porque su sonido, estando emparentado todavía con el de Transmetal, alcanza ya algunos rasgos distintivos. En Museo de los Despojados dichos rasgos permanecen, es decir, se conserva esa fusión de Sludge y Doom Metal, dirigida por las guitarras (de riffs fuertes y marcados, cercanos a veces a Black Sabbath y otras a Crowbar) y la batería (que a excepción de ciertos momentos jamás supera los medios tiempos). En términos de instrumentación, pues, Ultratumba funciona bien, no de un modo memorable, pero al menos sin defraudar; incluso, hay solos (como el de "El Amor No Significa Nada") que llegan a destacarse. Y lo propio podría afirmarse de las letras, que cumplen sin descollar con su cuota de crítica social (especialmente a la religión y la pobreza).

El gran problema de Ultratumba en este álbum es la vocalización; seguramente, para muchos, al contrario, ésta sea su virtud, pues fue una tarea realizada por Arturo Huizar (uno de los pioneros del Heavy Metal mexicano) pero, en realidad, en el tipo de ensamble rítmico que hay en Museo de los Despojados su voz no termina de encajar. Lo que sucede es que Huizar desea hacer demasiadas cosas y no logra a cabalidad ninguna: hay falsetes y subidas de nota desafortunadas (como las de "Protector"), en "Muerte" intenta un a cappella con más sentimiento que precisión, y en la canción homónima del disco hay aceleraciones innecesarias, poco agradables. Cuando Huizar es más mesurado en su labor, la música fluye mejor, pero lamentablemente como cada canción tiene tanto espacio para el canto, esto no es lo que prevalece.

Museo de los Despojados fue grabado entre septiembre y octubre de 1997 en los estudios Elith de Ciudad de México, y a principios del siguiente año fue prensado por el sello -también mexicano- Discos y Cintas Denver. El álbum muestra en su portada una pintura de Leonardo da Vinci, y el diseño interior -compuesto sobre papel blanco- ofrece imágenes de campesinos, niños pobres, religiosos, etcétera; el cuadernillo incluye fotografías de la banda, las letras de las canciones y los agradecimientos. No estoy seguro de que existan reediciones del disco, si bien buena parte del material que produjo Denver durante los noventas fue hace un tiempo relanzado en versiones que no alteran el arte original. En todo caso, Ultratumba continúa activa y su más reciente disco fue lanzado apenas el año pasado.

RANK: 6/10